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Muros: RECUNCHO EMPEDRADO

12/10/2019

De repente, a lo lejos, vimos desde el autobús las bateas; tienen un encanto especial con la niebla de fondo. Parecen pequeños barquitos militares tipo los del juego de “Hundir la flota”.

 

Habíamos pasado de la bravura del Atlántico y sus acantilados en Muxía y Finisterre a un encanto más calmo; el de la cascada del Ézaro y, ahora, continuábamos por las ría de Muros-Noya (la más al norte del conjunto de las rías bajas, que tienen fama de más tranquilas y cálidas).  

Nuestra guía entonces enfocó su explicación al lugar que estábamos a punto de pasar: Muros. Nos mostró que su escudo había añadido dos conchas de vieira y una carabela., gracias a que el municipio pasó de pertenecer al Rey Sancho IV, en el siglo XIII, a ser parte de la iglesia compostelana.

 

Al mencionar este dato en concreto, sentí orgullo por el hecho de ser peregrino.

Ya había estado en las primeras dos paradas, pues había hecho el camino de Santiago a Muxía y Muxía -Finisterre pero me hacía ilusión rememorarlo y añadir a mi recorrido nuevos lugares por los que el camino no pasa, pero que fueran igual de bonitos e interesantes.

Este municipio era un pequeño pueblo pesquero, donde para ir a faenar, no tenían más que bajar de sus casas y directamente, estaban en la ría, pues resguardaban sus barcas a través de una pequeña rampa que unía la ría con un cobertizo abierto pero seco debajo de los propios hogares.

Todo esto lo tuvimos que imaginar, pues ahora esos refugios de los barcos se habían convertido en soportales ( que se distinguían únicamente por estar construídos en arcos de medio punto).

 

 

Donde había agua, ahora hay un muelle por el que está pasando el autobús y los lugareños, pero estoy seguro de que era como una especie de Venecia en la época. De todas formas, se nota que este pequeño municipio de 9.500 habitantes no ha cambiado mucho e, incluso, como en la mayoría de pueblos que bordean el litoral en Galicia, viven práctica y exclusivamente de la pesca.

Al fin bajamos del autobús; no es que el recorrido fuera largo desde la última parada en Ézaro, pero ya eran sobre las dos de la tarde y mi horario biológico no se adaptó al de los españoles (sí para la siesta, pues había dormido en el trayecto), pero empezaba a estar hambriento.

Por suerte para todos parábamos a comer en Muros, y cómo he mencionado antes, es un pueblo pesquero y sabíamos que todo sería fresco y vendría directamente del mar. Así que me dirigí a un restaurante sin dudar del estado de la comida.

Definitivamente,  nunca comí tanto ni mejor en mi vida; una mariscada para mí sólo, con todo tipo de “cosas” , las cuales no sabría ni pronunciar.

Tanto comí que decidí pasar el resto del tiempo libre que nos dieron para callejear y así bajar la comida.

Pero no contaba con que fuera tan empinado y menos aún que hubieran tantas escalinatas en el casco histórico. Ya no podía más cuando, de pronto, me encuentro con una iglesia gótica. Eché un vistazo al grabado donde ponía su nombre y resulta que era evidente, dado que había una imagen de una virgen: “Colexiata de Santa María do Campo”.

Miré el reloj, y... ¡Oh no! ¡Un inglés llegando tarde! No puede ser... corrí cuanto pude y vi la cara de enfado de mis compañeros de viaje del tour. Pedí disculpa una y mil veces pero no quedé con la consciencia tranquila.

Continuando en el autobús pasamos por la zona que me faltaba por ver de Muros; los soportales a un lado y el litoral al otro. Era realmente un lugar mágico donde pude apreciar también una maravillosa escultura de una anciana mirando al mar.

 

-          ¿Cómo se llama esa escultura? – le preguntamos varios del autobús a la guía. Y, como es natural en los gallegos, nos contestó con otra pregunta.

-          ¿Por qué preguntan el nombre y no lo que simboliza? Su nombre es obvio, se llama “La Vieja Mirando Al Mar” – respondió con aire irónico, pero se podía contemplar la melancolía en su rostro cuando miró hacia ella – Representa a todas aquellas mujeres ( madres, hijas, esposas...) que esperaban a sus hombres cuando iban al mar – Continuó explicando – Recuerden que el Atlántico (aunque esté en calma) es peligroso debido a los inesperados vendavales, las mareas, tempestades, oleaje y niebla que hacen que muchos marineros, incluso en la actualidad, no vuelvan a tierra firme jamás.

Hubo un silencio abrumador en el autobús que sólo fue interrumpido por el ronquido de un señor mayor al que también le había influenciado la siesta española.

 

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